Experta explica por qué es probable que no se necesiten dosis de refuerzo contra la COVID-19
Monica Ghandi, especialista en enfermedades infecciosas, explicó cómo funcionan las vacunas y lo que se espera de ellas.

Son varias las compañías farmacéuticas desarrolladoras de vacunas COVID-19 las que han sugerido que se necesitarán dosis de refuerzos. Sin embargo, Monica Ghandi, especialista en enfermedades infecciosas y profesora de Medicina en la Universidad de California en San Francisco, apunta en una dirección distinta alertando que no son las empresas que pueden beneficiarse las que deberían determinar unilateralmente esta necesidad sin cuestionamientos científicos.
«Cuerpos de investigación científica indican que su sistema inmunológico debería ofrecerle una protección duradera contra la reinfección si ha sido vacunado, incluso con la aparición de más variantes infecciosas. La mejor manera de mantener a las personas seguras ahora es dejar de lado la discusión sobre los refuerzos y trabajar duro en la distribución global de vacunas», comentó en una columna de opinión publicada en San Francisco Chronicle.
Ghandi explicó que las vacunas o la infección natural estimula los dos brazos principales del sistema inmunológico: las células B (que producen anticuerpos que combaten enfermedades) y las células T (que atacan partes específicas de un patógeno peligroso). Cada uno de estos brazos crea bancos de «memoria» que, cuando funcionan correctamente, vuelven para atacar el virus y protegerlo de enfermarse.
"La mejor manera de mantener a las personas seguras ahora es dejar de lado la discusión sobre los refuerzos y trabajar duro en la distribución global de vacunas".
«Las vacunas COVID-19 funcionan muy bien en el mundo real. Y las respuestas de las células T a la vacunación son sólidas incluso contra las variantes más potentes. Las respuestas de los anticuerpos de la vacunación pueden ser ligeramente más bajas, pero se ha demostrado que la inmunidad de las células T no se ve alterada. (…) Se ha demostrado que las respuestas de las células T en las vacunas contra otros patógenos son duraderas (…) Hasta 34 años después en la vacuna del sarampión», comentó.
Por otro lado, «las células B de memoria son cosas extraordinarias. Pueden producir anticuerpos neutralizantes incluso cuando se enfrentan a una infección décadas después. Un estudio asombroso (publicado en 2008) observó a 32 personas de entre 91 y 101 años que sobrevivieron a la pandemia de influenza de 1918. Las células B de memoria contra la cepa de 1918 se aislaron de la sangre de los sujetos y luego se expusieron al virus de 1918 en un tubo de ensayo. Todavía generaban altos niveles de anticuerpos neutralizantes, que eran lo suficientemente fuertes como para proteger de una infección letal».
La experta explicó que la influenza requiere inyecciones de refuerzo anuales debido a la velocidad de sus mutaciones. Los coronavirus son virus de ARN, como la influenza y el VIH (un retrovirus), pero no mutan tan rápido como ninguno de los dos. «Las mutaciones pueden surgir y surgen cuando la transmisión es alta, como hemos visto en los últimos meses. Sin embargo, el virus COVID-19 no mutará así cuando reprimamos la transmisión con la vacunación masiva».